LE MOVIE. AN ODE TO 'WAITRESS' (2007)


Hace 10 años se estrenó una pequeña película que tenía como protagonista a Felicity, Keri Russell. La actriz aun no se internaba en su nueva etapa de fama con la serie The Americans y la gente la recordaba más que nada por ese inolvidable rol, el de una universitaria inocente que después se transforma en una fuerza de la naturaleza. Russell encarnaba en la película a una mesera viviendo en un pueblo chico, atrapada en un matrimonio sin amor y con un don para hacer tartas como ninguno. Esa película se llama Waitress (2007) y se transformó en una joya por varias razones.


 Adrienne Shelly in The Unbelievable Truth & Trust

Además de tener a Keri Russell demostrando que podía encarnar a otro tipo de mujeres de manera convincente -su dolor y pena traspasa la pantalla-, tenía a Adrienne Shelly. Shelly escribió, dirigió y apareció en la película. Luego de años de ser una de las reinas del cine independiente norteamericano, la musa de Hal Hartley en The Unbelievable Truth (1989) y Trust (1990) -dos de sus obras cumbres-, comenzó a dirigir películas desde fines de los '90. Waitress era su nueva obra a estrenar, una que esperaba incluir en la cartelera de Sundance cuando apareció muerta en su casa a fines del 2006. Aunque la encontraron colgada en su baño, luego de varias investigaciones descubrieron que lo suyo no fue un suicidio sino un asesinato. Shelly tenía 40 años, había incluido a su hija de tres, Sophie en la película y no alcanzó a saborear el éxito que tuvo su obra, la más aclamada de su carrera como directora.



Si miramos la historia, Waitress es de esas películas que no esperan encandilar con grandes giros o eventos inesperados. Entrega exactamente lo que uno espera y mucho más: ternura, pasar un buen rato siguiendo una buena historia y además, dosis de buenos roles. Russell era Jenna, su esposo abusivo era encarnado por Jeremy Sisto -Elton en Clueless-, sus dos compañeras de trabajo eran Shelly y Cheryl Hines (la esposa de Larry David en su serie). Jenna se da cuenta que está embarazada sumiéndose en una tristeza absoluta, una especie de depresión "pre parto" que viene de la mano con el fin de sus sueños de escapar de su matrimonio. A Jenna le comienzan a pasar cosas con su ginecólogo, encarnado por Nathan Fillon y además se lleva bien con el dueño del restaurant donde trabaja, un rol de oro para el legendario Andy Griffith. Cada uno de estos pasajes, por muy rutinarios y pequeños que parezcan, hacen que la película se instale como verdadero clásico y logre efectos distintos en quienes la ven, percibiéndose como comedia romántica, drama, cine indie. Lo que sí logra con absoluta certeza, es que se vea más de una vez y se convierta en un legado contundente y absolutamente querible para Adrienne Shelly.



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